A finales del siglo VI

Las pocas escuelas de la época estaban localizadas en Atenas, Efeso, Esmirna, Pérgamo, Alejandría, Gaza y Beirut. Esta última y la de Antioquia fueron devastadas por terremotos en el siglo VI, y Antioquia, además, tuvo que padecer el saqueo de los persas en el año 540.

Por tanto, no podemos afirmar que la decadencia del estudio, que ya era bastante pronunciada en el siglo VI, se debiera sólo a una razón en particular: los desastres naturales, las invasiones bárbaras, el triunfo del cristianismo, el auge de los árabes, todos estos elementos contribuyeron a ello.

Pero hacia finales del siglo VI los síntomas de vida litera- a son cada vez más escasos. El conocimiento del griego, por ejemplo decayó hasta casi desuso. Aunque Constantinopla nunca había sido una ciudad completamente bilingüe, el latín y el griego siempre se habían entendido allí el griego era, por ejemplo, la primera lengua de Justiniano).

La prueba más famosa de esta situación lo encontramos en una carta del papa Gregorio Magno, que en el año 597 afirma que en Constantinopla «es imposible obtener una traducción satisfactoria». Y aunque la era de Justiniano (527-565) fue en muchos sentidos esplendorosa, hay indicios de que la producción de libros ya había empezado a decaer durante su reinado.

Ciertamente el aislamiento progresivo de los mundos griego y latino fue un acontecimiento crucial. Hacia el siglo VI prácticamente ningún estudioso occidental era capaz de entender el griego.

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